La Conquista Británica de España: La Independencia de las Provincias de Ultramar.

El año 1711 bien puede ser considerado como la primer fecha documentada sobre el inicio de las acciones inglesas para desplazar a España en América y Europa, hasta nuestros días. En esa fecha sale a luz lo que fuera el primer plan trazado por Gran Bretaña para apoderarse de Hispanoamérica, fraccionarla y sojuzgarla como una primera etapa de lo que hoy, en el siglo XXI, se reactualiza en un plan de fraccionamiento geográfico y disgregación de los pueblos. Todo cierra con el acuerdo para el denominado Plan Cannig para “300 años”. “Una Propuesta para humillar a España. Escrita en 1711 en Gran Bretaña por una persona de gran distinción”. Tal el título de la obra que refiero. Su denominación inglesa es la siguiente: “A proposal for humbling Spain Written in 1711. By a person of distinction. And now first printed from the manuscript. To which are added, Some considerations on the means of indemnifying Great Britain from the expences of the present war.- London: printed for J. Roberts, near the Oxford Arms in Warwick-Lane”.

Esta obra salió a la venta en Gran Bretaña al precio de “1 chelín” (Price one shilling) con el objeto de que este plan de alta envergadura resulte atractivo a los “inversionistas” de la época, en función de presentar una gran empresa para el comercio continental sobre la cual se podría aportar capitales con la seguridad del rédito que se obtendría. La empresa británica iniciada en 1711 se mantiene hoy con absoluta vigencia. En ella confluyó toda la inteligencia imperial, cerebros egresados de sus más encumbradas universidades que con el transcurso de los años y sucesión de generaciones fueron adaptando y ajustando los pasos a seguir en función de las bases de la Proposal. Esta obra es de esencial lectura para intentar una comprensión del porqué de las campañas libertadoras del 1800, y de los encumbrados “próceres” de la espada y de las letras que establecieron los postulados sobre los que Hispanoamérica fue balcanizada. Así también la comprensión de esta Propuesta de Humillación, en su proyección a nuestros días, nos permitirá mensurar una prognosis del futuro que alertará nuestros espíritus sobre los actuales padecimientos y desencuentros del pueblo argentino e hispanoamericano, de los desaciertos de sus dirigentes, (de aciertos de otros que fueron intencionadamente abortados), de las tremendas acechanzas que nos depara el futuro en el peligroso mundo en que fuera convertido el planeta tierra. Podremos entender la arbitraria creación de “estados tapones ” fraccionadores de regiones que se encontraban integradas como naturaleza y humanidad en armonía de cohabitación, ecología en función de la creatividad humana aplicada a la transformación del medio y del ambiente, abarcando del Atlántico al Pacífico en una equilibrada geopolítica que balanceaba el mapa del norte de América, las masacres fratricidas como la Guerra de la Triple Alianza y las que le sucedieron en todos los confines americanos, el posicionamiento inglés con base en Malvinas adquiriendo el absoluto control de la unión oceánica del Techo del Mundo, la instalación de la Base China en Neuquén, el futuro de nuestra deshabitada Patagonia hoy reclamada a sangre y fuego por autodenominados mapuches “pseudo originarios” con base operativa documentada en Bristol, cuyo único fin es la separación geográfica de la extrema porción continental integrada en su confluencia con la plataforma interestelar que llamamos Antártida. Sector Argentino que hoy se denomina “La Tierra de la Reina Isabel”. “Propuesta para humillar a España” que fuera traducida al castellano y obran ejemplares en la Editorial del Departamento de Estudios Navales . Comando en Jefe de la Armada. Secretaría General . Buenos Aires. 1970. Capitán de Fragata RE Bernardo N Rodríguez.

A ello me remito para que el lector interesado investigue su contenido y saque sus conclusiones.

https://www.eltribuno.com/salta/nota/2017-5-9-0-0-0-un-plan-que-debe-ser-conocido

La conquista británica de España

0_francisco-de-miranda.jpg
Francisco de Miranda

AGENTES BRITÁNICOS EN ACCIÓN. La hecatombe que España sufrió en el siglo XIX no puede ser entendida sin haber analizado previamente los siglos anteriores, pero tampoco puede entenderse sin analizar la casuística de las personas que llevaron a término la destrucción del Imperio Humanista Hispánico.

¿Qué eran y a qué servían aquellos a quienes algunos llaman “los libertadores”? Desde la distancia de dos siglos; desde un mundo que en poco se parece a aquel; desde la estricta individualidad del interesado por conocer, con el dolor, eso sí, de no hacerlo desde una Patria unida y universal, vamos a intentar desentrañar qué motivaciones y ayudas tuvieron para conseguir la atomización de la Patria común

En capítulos aparte se ha procurado introducirnos en la situación política de España en los albores del siglo XIX; hemos tratado también la cuestión económica; la influencia de la invasión francesa de la Península; los conflictos sociales indigenistas y de los Comuneros, y la influencia de la masonería.

Todo ello, sin duda, influyó en el rompimiento de la Patria, pero hubo otros condicionantes, si cabe más importantes, a cuyo servicio laboraron algunos de los aspectos señalados. No vamos a adelantar cuales fueron. Irán surgiendo a lo largo de la exposición. En esos momentos, la Revolución Francesa y la Ilustración ocupaban lugar preeminente en cualquier charla, conversación o discusión, y los llamados “próceres” eran, sin lugar a dudas, gentes con ideas revolucionarias emanadas de aquellas. Y gentes que se estaban organizando al amparo de la Revolución Francesa y al amparo de Inglaterra. Así, en esos momentos ya se estaba gestando las acciones que se pondrían en marcha a comienzos del nuevo siglo. Maurico Javier Campos, señala al respecto que “la mayoría de los historiadores coinciden en que a fines del siglo XVIII el venezolano Francisco de Miranda fundó en Londres una logia masónica llamada La Gran Reunión Americana para conspirar a favor de la independencia de las colonias españolas. Esta logia, que supuestamente obedecía a la Gran Logia de Londres, luego se expandió en España tomando el nombre de Sociedad de los Caballeros Racionales. Casi todos los próceres de la independencia americana habrían pertenecido en algún momento a ella o a sus sucesoras.”

Francisco de Miranda, que había servido en el ejército español, en concreto en Melilla, combatió en Valmy como mariscal de campo al servicio de la Revolución Francesa bajo las órdenes de Dumouriez, y permaneció años en Inglaterra prestando sus servicios como peón de la política británica en América, a la que exportaría el concepto parlamentario, amén de conceder a Inglaterra el estatus de nación favorecida en cuanto a lo comercial, una vez que se lograra la separación de España. El 22 de Diciembre de 1797 se reunieron en París José del Pozo, Antonio José de Sucre, Francisco Miranda y Pablo de Olavide, “no sólo para deliberar conjuntamente sobre el estado de las negociaciones seguidas con Inglaterra en diferentes épocas, para nuestra independencia absoluta”, sino para llegar a una serie de acuerdos que quedarían plasmados en un acta que resulta esclarecedora para entender lo que sucedería después. Se detecta en el acta la existencia de acuerdos previos con el reino de la Gran Bretaña, a quién se le abren las puertas sin cortapisa de ningún tipo en lo que se puede entender como pacto para la dominación colonial británica.

El artículo primero del acta en cuestión señala: “Habiendo resuelto, por unanimidad, las Colonias Hispano-Americanas [sic], proclamar su independencia y asentar su libertad sobre bases inquebrantables, se dirigen ahora aunque privadamente a la Gran Bretaña instándole para que las apoye en empresa tan justa como honrosa, pues si en estado de paz y sin provocación anterior, Francia y España favorecieron y reconocieron la independencia de los Anglo-americanos, cuya opresión seguramente no era comparable a la de los Hispano-Americanos, Inglaterra no vacilará en ayudar la Independencia de las Colonias de la América Meridional.”

En su artículo segundo es de destacar que reclaman a favor de Inglaterra condiciones de dominio en los territorios “liberados”; algo que jamás ofrecieron los independentistas norteamericanos como contrapartida hacia España por su apoyo a la independencia de las Trece Colonias. Dice así: “se estipularán, en favor de Inglaterra, condiciones más ventajosas, más justas y más honrosas. Por una parte la Gran Bretaña debe comprometerse a suministrar a la América Meridional fuerzas marítimas y terrestres con el objeto de establecer la Independencia de ella y ponerla al abrigo de fuertes convulsiones políticas; por la otra parte, la América se compromete a pagar a su aliada una suma de consideración en metálico, no sólo para indemnizarla de los gastos que haga por los auxilios prestados, hasta la terminación de la guerra, sino para que liquide también una buena parte de su deuda nacional. Y para recompensar hasta cierto punto, el beneficio recibido, la América Meridional pagará a Inglaterra inmediatamente después de establecida la Independencia, la suma de… millones de libras.” Se comprometían así a una hipoteca que sigue vigente doscientos años después de haber sido rota la unidad nacional española.
Y los términos de la mentada hipoteca comienzan a señalarse en su artículo quinto, donde se señala que “se hará con Inglaterra un tratado de comercio, concebido en los términos más ventajosos a la nación británica; y aun cuando debe descartarse toda idea de monopolio, el trazado le asegurará naturalmente, y en términos ciertos, el consumo de la mayor parte de sus manufacturas.” Y en su artículo sexto se les regala Panamá: “El paso o navegación por el Istmo de Panamá, que de un momento a otro debe ser abierto, lo mismo que la navegación del lago de Nicaragua, que será igualmente abierto para facilitar la comunicación del mar del Sud con el Océano Atlántico, todo lo cual interesa altamente a Inglaterra, le será garantizado por la América Meridional, durante cierto número de años, (…)

Fuente: Cesareo Jarabo Jordán

http://www.losprincipios.org/difusion/la-conquista-britanica-de-espana.html

La Conquista Británica de España (II)

0_francisco_de_miranda_.jpg
Francisco de Miranda

Si te gustó el primer trabajo de Cesáreo Jarabo, sin dudas apreciarás la segunda parte. Aquí desnuda a Francisco de Miranda, se destaca el papel de la masonería y se indican claramente las razones por las cuales los criollos se ligaron contra España apoyados por Inglaterra y otras potencias europeas.

Por Cesáreo Jarabo

Pero, ¿quién era Francisco de Miranda?

Francisco de Miranda luchó en el norte de África a la orden del ejército español, hasta obtener el grado de Capitán, siendo ascendido a teniente coronel en la batalla de Pensacola. “Combatió en Pensacola como oficial del ejército español, en apoyo a la causa norteamericana. Luego mantuvo con ellos una relación privilegiada, pues vivió en Filadelfia entre 1783 y 1784, después de abandonar el ejército español.” Un abandono al que vio forzado tras haber sido condenado por delito de comercio ilegal y haber desertado.

Curiosamente, esta amistad por lo ajeno es común a varios “próceres”. José Stevenson Collante, grado 33 de la masonería, dice sobre Miranda, insinuando que la traición era una invención de sus acusadores que:

“por razones religiosas como anticristiano y por la manifiesta antipatía de los militares españoles el General De Miranda es acusado de simpatizar en 1782 con los ingleses, lo que le ocasiona ser tomado prisionero y encarcelado en el Castillo del Príncipe en La Habana, de donde logró huir a Carolina del Sur en 1783 y conoce a Jorge Washington, victorioso de la Revolución Norte-americana. Lograda su independencia, con deseo de libertad realiza un viaje de observación por varios países de Europa, donde tuvo la oportunidad de conocer y tratar con varios personajes importantes del mundo Europeo, como Catalina II zarina de Rusia y Federico II de Prusia, quienes le prometieron ayuda para la puesta en marcha de sus aspiraciones libertarias de América Meridional.”

En relación a esta promesa, haremos caso a lo que nos indica el señor masón del grado 33, pero a lo que parece no fue más allá de la carta de crédito que le dio, a la que el mismo Miranda hace referencia en su carta de agradecimiento de 15 de Agosto de 1787, que termina diciendo: “La Letra de Crédito que V.M. ha tenido a bien agregar, será utilizada juiciosamente en caso de necesidad y siempre satisfecha por mi parte, teniendo el honor de considerarme con sincero agradecimiento y profundo respecto de V.M.I., el más humilde y muy obediente servidor”.

Residiría tres años en Londres, de 1802 a 1805, donde regresaría en 1807, para marchar en 1812. En Londres, conforme relata el mismo José Stevenson Collante, entraría en la órbita de la masonería, bajo cuyo auspicio fundaría la logia “La Gran Reunión Americana”. “Allí adoctrinaba, como Gran Maestro, a los patriotas americanos y revolucionarios que venían de sus países de origen, destacándose entre ellos los chilenos Bernardo O’Higgins, José M. Carrera, Juan Martínez, Gregorio Argomedo, Juan A. Rojas; los argentinos José de San Martín, José Ma. Zapiola, Carlos Ma. de Alvear, Bernardo Monteagudo y Mariano Moreno, quienes en 1811, organizaron en Buenos Aires la Logia Lautaro, que luego fue extendida a Mendoza y a la ciudad de Santiago de Chile; de México, el fraile Bernardo Teresa de Mier, Vicente Rocafuerte, Carlos Montufar; de Cuba, Pedro Caro; de Venezuela don Andrés Bello, Luís López Méndez y el Libertador Simón Bolívar; de Santafé José Ma. Vergara Lozano, eran los más asiduos contertulios a las famosas Tenidas.”

Allí tomaría contacto con alguien que le había precedido. El primero que en estas circunstancias y de forma manifiesta se presentó como enemigo del ser de España, fue el Jesuita Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, un personaje que, contando como católico, curiosamente, fue muy bien atendido por la corte británica. Llegó a Londres “a requerimiento del gobierno británico”, y bajo su auspicio, en 1799, publicaba en Londres el manifiesto titulado “Carta dirigida a los españoles americanos”, que, según señala Secundino José Gutiérrez Álvarez,” además de atacar a José Gálvez, ministro de Indias, por su «manifiesto y general odio a todos los criollos», es también un duro alegato reclamando el derecho de los criollos al gobierno americano.

Por primera vez un criollo llama a sus compatriotas a rebelarse contra la Corona española y alcanzar su libertad, porque se la niega el gobierno de su propia patria…/…

La Carta de Vizcardo, distribuida por Miranda, adquirió una amplia difusión en Venezuela, Colombia y Perú. Sucedió, igualmente, con los escritos de Juan de Velasco y Clavijero, dos jesuitas exiliados en Italia.” La “carta” no era sino la expresión de la oligarquía criolla que llevaba tiempo pretendiendo imponerse a las leyes, por lo general en detrimento de los otros sectores de la sociedad más deprimidos y que contaban con el apoyo de la Corona.

Para Edgar Montiel, “la estrategia discursiva de los independentistas americanos incluía promesas de una liberación de la fuerza de trabajo servil en aras de un estatuto ciudadano que diera la igualdad a blancos ricos y pobres, indígenas y negros. Estos ideales tuvieron una gran resonancia en Europa donde la lucha se planteaba en términos de un cambio de régimen: la caída de la monarquía liberaba al Hombre de su condición de súbdito y le permitía acceder, gracias a su trabajo y sus méritos, a la igualdad de oportunidades.

La ecuación buscada era libertad con igualdad. Era la agenda de la revolución que se gestaba en Francia.

” Los principios señalados no tienen discusión; ¿quién no quiere la igualdad?; ¿quién no desea la eliminación del trabajo servil? Pero esas eran cuestiones, la primera de difícil solución a la que no se puede acceder sino mediante un trabajo continuado, y no ya durante años…, y la segunda era una cuestión que por el condicionamiento del Imperio Español nunca fue, ni de lejos, tan significativa como era en otros ámbitos, y en especial en el mundo anglosajón, y que por la propia dinámica de los tiempos, y con la necesaria intervención de las leyes, estaba en esos momentos, existente, sí, pero en franca vía de extinción.

A pesar de la importancia que tiene el tema por tratarse de personas, no era un asunto capital. Sí lo había sido en el mundo anglosajón, que ahora estaba muy interesado en acabar con unos métodos esclavistas en los que siempre fue pionero, pero no porque la filosofía humanista imbuyese, de golpe, las formas que venían aplicando, sino porque la revolución industrial exigía nuevos métodos de esclavitud en los que esa palabra había dejado de tener relevancia. Las pruebas del aserto las puede encontrar cualquiera que se interese en el trato dado al asunto a lo largo y ancho del imperio británico.

http://www.losprincipios.org/historia-hispanidad-la-conquista-britanica-de-espana-ii-1.html

0_oligarqu-a-criolla.jpg
Oligarquía criolla

La estrategia de la oligarquía criolla para apoderarse de los bienes de los menos favorecidos, sin rendirle cuentas al rey

Pero la independencia, para la oligarquía criolla sí era de especial importancia, porque con ella podrían acceder a aquellos capítulos que las leyes salvaguardaban como exclusivos para los más desfavorecidos, porque no debemos olvidar que “los gestores de la independencia latinoamericana, fueron, con escasas excepciones, terratenientes criollos, más o menos adinerados, cuya principal diferencia con los administradores coloniales peninsulares, era su lugar de nacimiento y su vínculo económico – más que político – con el sistema colonial. Al ver en la madre España o Portugal, un poder ibérico cada vez más frágil y decadente, y en la fecunda Francia, la poderosa Inglaterra y la precursora Estados Unidos, ejemplos alentadores de estados-nación modernos, los criollos empezaron a rebelarse.”
Y justamente esos fecundos y precursores eran quienes menos respetaban la libertad humana de los desfavorecidos. ¿Dónde están los indígenas en Norte América o en Australia?… En el mismo lugar que, andando los años bajo los dominios británico y norteamericano acabarían, por ejemplo, los selkman.
Pero la estrategia de la oligarquía obviaba las realidades; lo que el jacobinismo les hacía defender era exclusivamente sus prerrogativas; sus ansias de ser cabeza de ratón. Así, obviando que algo de lo que decía era cierto y que no hay mayor mentira que una verdad a medias, años más tarde, el 6 de septiembre de 1815, y fiel a su dependencia, Bolívar, en su “Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla”, que es como Bolívar tituló a la comentada “carta de Jamaica”, repite las vaciedades que sobre la actuación de España en América propalaron los eternos enemigos de España cuando contra ésta no tenían más argumento que la imprenta. En ella se refiere a la “Brevísima” de Fray Bartolomé de las Casas, que curiosamente le reportó ser declarado “defensor universal del indio” por Carlos I y que dio lugar a un hecho de importancia jurídica internacional como es la “Controversia de Valladolid” y la subsiguiente redacción del derecho internacional mientras en Europa seguían con el derecho feudal.

En cumplimiento de su labor, Miranda presentó en 1800 un memorando al gobierno británico que tenía en cuenta informaciones muy precisas sobre la geografía, clima, pasos estratégicos, idiosincrasia de los hispanoamericanos, etc., datos que llegaron a su autor a través de los jesuitas expulsados del imperio español en 1767 por Carlos III. Consideraba asimismo la baja condición de la capacidad militar española y se planteaba un asalto en el Río de la Plata. Maitland señalaba en el proyecto subsiguiente: “yo imaginaría que cualquier intento hecho con una fuerza racional habría de ser casi con certeza exitoso, y baso mi opinión en esta parte sobre la evidente certidumbre de que, malas como son las tropas españolas en Europa, tienen que ser aun de inferior calidad en el Nuevo Mundo.”

Curiosamente, tras estos servicios prestados a la Gran Bretaña, es el Arco del Triunfo de los Campos Elíseos parisinos el que presenta su nombre inscrito en piedra como recuerdo perdurable de su traición.
Aseveraría Bolívar en su carta de Jamaica: “Estábamos, como acabo de exponer, abstraídos y, digámoslo así, ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del Estado. Jamás éramos virreyes ni gobernadores sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares sólo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados ni financistas, y casi ni aun comerciantes; todo en contravención directa de nuestras instituciones.”
Aseveraciones literalmente contrarias a la verdad, pues como bien recoge Heraclio Bonilla y Karen Spalding, “los miembros de las familias criollas estuvieron excluidos solamente de los más altos puestos de la administración y del gobierno virreinaI. Lima fue, después de todo, uno de los centros más importantes del Imperio Español en América donde a los criollos les era posible un mayor acceso a los puestos lucrativos de la burocracia colonial, una de las pocas fuentes que proporcionaba, a la vez, altos ingresos y gran prestigio social.”
Por su parte, Isidoro Medina Patiño señala que “no era la defensa de un nuevo orden social democrático lo que se buscaba en las guerras de “independencia” sino la imposición de una clase emergente y económicamente poderosa.”
0_carlos-iv.jpg
Carlos IV y su familia

Corrientes de opinión política de los criollos, justo antes de las llamadas guerras de la independencia.

En los últimos momentos del reinado de Carlos IV, y a pesar de todo, todo plan era lógicamente estructurado en el marco de la Monarquía Hispánica. Señala Felipe Ferreiro que entre los criollos podían detectarse varias tendencias:

 

“A- Partidarios de la supremacía de la ley y de su cumplimiento fiel como garantía esencial de la libertad.
Este grupo sería el formado por los indianos adoctrinados en la “metafísica revolucionaria” de Rousseau y la Enciclopedia…/…
Esta tendencia nace entre nosotros, como en la Península, en la segunda mitad del siglo XVIII. Es la de los doctrinarios y teóricos en auge después de 1810, desde Cádiz en España, desde Caracas, desde Bogotá, desde Santiago, desde Buenos Aires, en Indias.
Entre sus primeros propagandistas de América, advertimos – para citar algunos nombres- a Nariño y a Zea en Bogotá, al español Rubín de Celis en el Río de la Plata, a José Antonio Rojas en Chile, a los españoles Enderica y Ramírez de Arellano en Méjico, etc.,etc.
B- Partidarios de que los cargos de representación y gobierno en cada comarca o región recayesen en personas de los respectivos vecindarios.
En esta tendencia, como en la anterior, no se hacen diferencias entre peninsulares y americanos…/…
Existía despotismo de parte de la corona- para los partidarios de esta corriente- cuando aquélla llenaba los cargos públicos con hombres extraños al lugar, aun cuando éstos resultasen gobernantes excelentes…/… (Y la medida venía siendo aplicada desde tiempo de los Reyes Católicos, en todos los reinos, peninsulares y ultramarinos, con el claro objetivo de limitar la corrupción).
C- Partidarios de que los cargos de representación y gobierno en cada comarca o región pertenecieran exclusivamente a los nativos de la misma.

Túpac Amaru
Esta tendencia que a primera vista se nos presenta como un perfeccionamiento de la anterior, en realidad importaba un regreso. Era de sentido oligárquico. No todos los nativos, sino sólo los nativos de origen español o españoles americanos, se prometían sus ventajas…/…
D- Partidarios de que los cargos de representación y gobierno de cada comarca o región sólo se distribuyan entre indianos sin distinción de lugares de nacimiento o de vecindad.” Elucubraciones…
Pero, en cualquiera de los casos, ¿esas consideraciones pueden ser el germen de un movimiento separatista?
Difícil conclusión. La caja de los truenos se abrió con la invasión francesa de la Península, pero ya venía gestándose, como hemos visto con Vizcardo, desde tiempo atrás. Ya Francisco de Miranda había organizado en Londres un núcleo masónico que se encargaría del adoctrinamiento y sería la correa de transmisión de Inglaterra en el proceso separatista.
La actividad de Miranda no era especulativa, sino que se materializaba en acciones concretas. Si el intento resultó fallido en el caso de Túpac Amaru, no sucedería lo mismo en adelante; así, Rodolfo Terragno informa que “después de una reunión con Pitt, Dundas y Popham, el 12 de octubre de 1804, Popham quedó encargado de preparar un plan de ataque sobre Hispanoamérica: una tarea para la cual contó con la ayuda de Miranda.
Además de desembarcos simultáneos en Nueva Granada y el Río de la Plata, ese plan incluyó una expedición a Valparaíso y Lima por una fuerza que debía llegar de India.“ Algo que venía a perfeccionar el proyecto nacido en 1711, por parte del Foreing Office británico, si bien realizado de forma “anónima”, titulado “una propuesta para humillar a España”, en el que se relataba que
“…dada la considerable falta (?) que tienen de estas mercaderías (textiles ingleses), que tanto necesitan el consumo de ellas, aumentaría, porque nuestros productos y tales son irrazonablemente caros (debido a la restricción del libre comercio en ese entonces), por las razones ya mencionadas, y así los pobres y aún los comerciantes, hacen uso de las telas de Quito para sus vestidos y solo los mejores usan géneros y telas inglesas. Pero si de una vez, nosotros podemos fijar nuestro comercio, por el camino que yo propongo (directamente por Buenos Aires y a través del continente hacia el interior, sin tener que pasar por Cádiz), con seguridad, arruinaríamos, en pocos años, la manufactura de Quito.”

 

http://losprincipios.org/historia-hispanidad/la-conquista-britanica-de-espana-iv.html

La conquista británica de España (V)

0_francisco-de-paula-santander.jpg
Francisco de Paula Santander

Paralelamente ya comenzaban en América las actividades “culturales”, donde recalaron diversos personajes relacionados con la masonería. Al respecto, Pedro Pérez Muñoz señala que “entre los emisarios que vinieron a la América fue uno un tal Munsiur los Ríos, francés de nación y de profesión médico. Llegó éste a Cartagena de Indias el año 91 y desde luego fue preso por el Tribunal de la Inquisición, por las opiniones erróneas y seductoras que vino sembrando.

Puesto en libertad siguió viaje a Santa Fé donde formó escuela y sus discípulos principales fueron Nariño, Cea, Cabal y otros que pasaron a España en partida de registro el año 93; llegaron a la península y fueron puestos en libertad y aún premiados porque ya encontraron en la corte jacobinos protectores y más en la piedad falsa y carácter blando y compasivo del gobierno. El marqués de Selva Alegre, Don Juan Pío Montúfar hizo viaje desde Quito a Santa Fé en unión de los Espejos para alistarse en la cofradía francmasónica y regresados a su patria fraguaron el año 93 los pasquines y plan de rebelión.”
Y es que las actividades de las logias eran cada vez más intensas, extremo que queda reflejado en los archivos de la Inquisición.
Basándose en ellos, Mario A Pozas afirma que “es posible confirmar que autores como Juan Jacobo Rousseau, el abate Pradt, el Barón de Montesquieu, Voltaire, Paine, Hume y Jeremías Benthan, eran leídos y conocidos en la región, a la vez que doctrinas tales como las del pacto social, la soberanía popular, la división de poderes, los derechos naturales, el poder constituyente y la teoría de la representatividad estaban difundidas entre los intelectuales y políticos de la época pre-independentista.”
En concreto Simón Bolívar se mostraría ferviente seguidor de las doctrinas de todos ellos, aspecto que deja reflejado en sus escritos, entre los que es destacable el siguiente juicio, por lo que lleva implícito:
“Vea Ud. Lo que dice De Pradt de la aristocracia en general, pues la británica está multiplicada por mil, pues se halla compuesta de cuantos elementos dominan y rigen al mundo: valor, riqueza, ciencia y virtudes; éstas son las reinas del universo y a ellas debemos ligarnos o perecer.”
Estos valores serían perennes en los libertadores, siendo que, como señala Luis Corsi Otalora, “durante el ensueño del Congreso de Panamá culminaría esta visión: ‘El carácter británico y sus costumbres las tomarían los americanos por objetos formales de su existencia futura’.”
Ya en 1781, Antonio Espejo se significaba como elemento subversivo, lo que le ocasionó conflictos jurídicos que lo retuvieron en Santa Fe de Bogotá. Señala Germán Rodas Chaves que“Llegó a Santafé de Bogota en 1789. Permaneció en dicha ciudad hasta 1790. Durante ese tiempo desarrolló una fructífera relación con Antonio Nariño quien le invitó a participar de las tertulias del núcleo denominado El Arcano Sublime de la Filantropía, a cuyo interior la aprehensión de las ideas de la Ilustración y la reflexión colectiva sobre tal marco ideológico favorecieron el compromiso de los dos patriotas con las causas de la independencia en sus países.”

Y en 1793, Antonio Nariño traducía los principios de la Revolución Francesa. 
Acusado de desfalco realizado desde el puesto que ocupaba en la administración como tesorero de los diezmos, fue juzgado y Camilo Torres se negó a ser su defensor. Condenado a embargo y exilio, consiguió escabullirse, con ayuda de los hermanos masones, a su llegada a Cádiz, desde donde partió a París y a Londres. En proceso paralelo fue también condenado Francisco Antonio Zea.
Pero su ostracismo, el de Zea y el de Nariño, duraría poco gracias a la acción benéfica de los jacobinos. Así, Emilio Ocampo nos dice que Zea “fue liberado en 1798 y luego de una estadía de varios años en Francia, a partir de 1803 se estableció en Madrid. Al producirse la invasión napoleónica se convirtió en entusiasta partidario de José Bonaparte y fue nombrado prefecto de Málaga”, mientras Nariño logró escapar, también por los mismos métodos, y regresó a Colombia en 1797, donde colaboró con los británicos.

http://www.losprincipios.org/historia-hispanidad/la-conquista-britanica-de-espana-v.html

La Conquista británica de España (VI)

0_edward_popham.jpg
E. Popham

Las acciones separatistas ya menudeaban en estos momentos; algo tuvieron que ver los intentos británicos de invadir el Río de la Plata. El 14 de Octubre de 1804 se reunía Miranda con Melville y Popham en Londres para tratar de la invasión que debía acometerse contra Hispanoamérica, quedando Miranda señalado como jefe de las fuerzas que debían invadir Venezuela, y con grado de general británico, siendo Popham el encargado de acometer Buenos Aires.

Rodolfo Terragno, historiador

Dice Rodolfo Terragno que en 1806 “el propio Miranda intentó la invasión de Venezuela con una fuerza que zarpó de Estados Unidos, recibió en Granada el apoyo del gobernador de la isla: Frederick Maitland, primo de Sir Thomas. En las Indias Occidentales, Miranda consiguió también el apoyo del Almirante Thomas A. Cochrane: el que sería segundo de San Martín en la expedición a Perú.

Cochrane era entonces el comandante en jefe de las fuerzas estacionadas en las Islas de Sotavento. “Y confirma Daniel O’Leary, el asesor personal británico de Bolívar que “El 24 de Julio de 1806 se dio a la vela la expedición compuesta de 15 buques con 500 voluntarios, y en la mañana del 2 de Agosto desembarcaron en la Vela de Coro.

Al día siguiente se emprendió la marcha sobre Coro, capital de la provincia del mismo nombre, que fue ocupada sin oposición por haberla evacuado, retirándose al interior, las autoridades españolas con cerca de 250 milicianos que formaban la guarnición, al saberse la aproximación de los patriotas.

Los habitantes principales de ambos sexos desampararon también la ciudad y siguieron el movimiento de las tropas…/… El fracaso de esta expedición es otra prueba de que la América del Sur no estaba preparada para la independencia y de que la gran masa del pueblo era afecta al Gobierno real …/… debe también tenerse en cuenta que la franca protección del Gobierno británico daba a la expedición influjo y peso moral.”
Daniel Florencio O’Leary, natural de Cork, Irlanda (foto)
Ante semejante resultado, Miranda salió huyendo junto a su protector Cochrane, para pasar seguidamente a residir en Inglaterra. El miércoles 25 de junio de 1806, Beresford y Popham desembarcaron en las costas de Quilmes. Tomaron Buenos Aires sin apenas lucha. El “Times” de 15 de Septiembre de 1806 proclamaba:

“Mediante nuestro éxito en La Plata, donde un pequeño destacamento británico ha tomado una de las mayores y más ricas colonias de España, Bonaparte debe estar convencido de que nada sino una rápida paz puede impedir que toda Hispanoamérica le sea arrebatada a su influencia, y puesta bajo la protección del Imperio Británico. ¿Hacia qué región del mundo habitable podría él mirar entonces en busca de ‘barcos, colonias y comercio’?”

Thomas A. Cochrane

La verdad es que la generosidad británica no podía sufrir menoscabo, por lo que en breves fechas se transportaba a Gran Bretaña los productos de su comedimiento: “1.086.000 dólares, equivalentes a 30 toneladas de plata. El total de la captura hace unos 3.500.000 dólares.” Un francés al servicio de España, Santiago de Liniers, el vasco Martín de Álzaga y el criollo Juan Martín de Pueyrredón comenzaron pronto la reconquista, que duró cuarenta y ocho días.

Saturnino Rodríguez Peña

El 12 de Agosto eran expulsados los ingleses, pero Beresford y los oficiales fueron enviados a Luján, Córdoba, San Luis y Santiago de Estero; tuvieron libertad de movimientos, lo que les permitió seguir conspirando con los representantes de Francisco de Miranda, en concreto con Saturnino Rodríguez Peña y Manuel Aniceto Padilla; éste último, agente británico, quienes le propusieron liberar a los británicos y que Inglaterra se convirtiese en garante de la independencia, lo cual, detectado por Liniers, significó que Beresford y Pack fuesen desterrados a Catamarca, de donde fueron liberados gracias a la traición de Rodríguez Peña y de Padilla.

A lo que parece, y según señala Rodolfo Terragno,”Rodríguez Peña recibía ‘una asignación del General Whitelocke y una pensión del gobierno británico’

Referencias bibliográficas utilizadas en este capítulo
Terragno, Rodolfo. Maitland & San Martín. Pag. 161

O’Leary, Daniel. Bolívar y la emancipación de Sur-América. Pag.  45 http://scans.library.utoronto.ca/pdf/1/41/bolvarylaemanc01olea/bolvarylaemanc01olea.pdf

Terragno, Rodolfo. Maitland & San Martín. Pag. 109 pag 110 pag 111-112 y pag 175

Fuente: 

http://www.losprincipios.org/historia-hispanidad/la-conquista-britanica-de-espana-vi.html

Otras Consultas:

https://coterraneus.wordpress.com/tag/una-propuesta-para-humillar-a-espana/

http://bicentenariodistinto.blogspot.com.es/2012/06/documento-una-propuesta-para-humillar.html

http://fundacioneliasdetejada.org/wp-content/uploads/2014/05/ANA17-P-021-065.pdf

https://hispanoamericaunida.com/2015/03/28/dr-julio-carlos-gonzalez-para-unir-a-hispanoamerica-necesitamos-organizar-a-las-fuerzas-del-pensamiento/

http://cayu.com.ar/index.php/tag/una-propuesta-para-humillar-a-espana/

http://www.latinamericanstudies.org/book/Garibaldi-Guard.pdf

http://cayu.com.ar/wp-content/uploads/2011/07/A_proposal_for_humbling_Spain.pdf

Advertisements

Flandes y la Leyenda Negra II: Historia de Holanda, Bélgica y Luxemburgo.

Así son las mentiras de la guerra que desangró al Imperio español: la leyenda negra en Holanda

La aristocracia local vivía anclada en la Edad Media y llevaba siglos defendiendo sus intereses frente a los proyectos de crear un estado moderno por parte de los distintos monarcas que allí poblaron. Así lo demuestra el largo historial de rebeliones de la nobleza contra sus «príncipes naturales» –con 35 levantamientos previos a la llegada de soldados españoles–

La Guerra de los 80 años dio forma a lo que hoy son los Países Bajos y su historia está tatuada en el ADN de los holandeses como su mito fundacional. El relato de cómo la nación libre surgió como oposición a la intolerancia religiosa de Felipe II, el que fuera su legítimo soberano desde mediados del siglo XVI, y de cómo los protestantes sufrieron las calamidades de los crueles españoles. Toda una serie mentiras y medias verdades que dieron lugar a la leyenda negra que, más tarde, caló en la historiografía europea. Desde entonces, los españoles son los malos de las películas y el Gran Duque de Alba, un hombre que leía a Tácito en latín y contaba entre sus mejores amigos al poeta Garcilaso de la Vega, una fiera corrupia sin corazón.

En el 450º aniversario del inicio del conflicto, la comunidad cultural de Holanda empieza a comprender la guerra sin componentes nacionalistas ni religiosos. Sin mitos. A partir del 12 de octubre, el Instituto Cervantes y el Rijksmuseum (Ámsterdam) abren las puertas a una exposición crítica titulada «La Guerra de los 80 Años. El nacimiento de los Países Bajos», que contará con préstamos del Museo del Prado, Patrimonio Nacional, Archivo de Simancas y la Academia de Bellas Artes de San Fernando. El objetivo es emplazar el conflicto en su contexto histórico y acabar con las mentiras que orbitan a su alrededor.

1º Una tierra de nobleza díscola

Según el mito protestante, Felipe II terminó con la paciencia de la población local a causa de su intolerancia religiosa hacia los calvinistas, su decisión de ampliar los tres obispados existentes en los Países Bajos hasta los 17 y su insistencia por introducir la Inquisición, solo unos pocos años después de heredar estos territorio de su padre. Ante la posibilidad de un levantamiento armado, el III Duque de Alba se desplazó en 1567 a los Países Bajos, al frente de un gran ejército, con instrucciones muy claras, entre ellas, la orden de ejecutar a los líderes más visibles de la rebelión y acabar con los brotes calvinistas. El cuento nacionalista presenta al malvado Alba prendiendo la mecha…

Felipe II por Sofonisba Anguissola
Felipe II por Sofonisba Anguissola

Una visión parcial (hasta hoy generalizada) de la Guerra de los 80 años que ignora el contexto que se encontró Felipe II al inicio de su reinado. La aristocracia local vivía anclada en la Edad Media y llevaba siglos defendiendo sus intereses frente a los proyectos de crear un estado moderno por parte de los distintos monarcas que allí reinaron. Así lo demuestra el largo historial de rebeliones locales contra sus «príncipes naturales» –con 35 levantamientos previos a la llegada de soldados españoles– y la virulenta respuesta de la nobleza, que suponía menos del 0,1 de la población, ante las propuestas de Felipe II de modernizar y unificar la disparatada situación legal de los Países Bajos (antes de Carlos V existían 700 códigos legales diferentes).

El hispanista William S. Maltby aprecia en los esfuerzos del Monarca que «no estaba planteando más que un sistema de gobierno que simplificara la Administración y contuviera el poder perturbador de los nobles ambiciosos».

2º Un rebelión minoritaria

Cada una de las medidas del soberano fue respondida con brusquedad y teatralidad por parte de la aristocracia, lo que en tiempos medievales hubiera obligado a Felipe II a renunciar a sus reformas. La diferencia es que Carlos V, como su hijo, contaban con la ventaja de que su poder económico y militar procedía de sus otros reinos y no de esta nobleza díscola. La negativa a retroceder ante los chantajes de Guillermo de Orange, cabeza visible de la aristocracia rebelde, provocaron una explosión de «Furia iconoclasta» en el verano de 1566 contra imágenes católicas y el envío de tropas por parte del Rey para apagar el inminente levantamiento de la nobleza que, a decir las fuentes, contó con escaso seguimiento popular.

Las fuerzas que se enfrentaron en 1568 a las del Duque de Alba eran en mayoritariamente mercenarios contratados por la nobleza calvinista en Alemania y Francia. El pueblo llano permaneció ajeno a una lucha de altas esferas que apenas afectaba a asuntos importantes para ellos. En este sentido, el general castellano consiguió derrotar sin paliativos a las fuerzas dirigidas por Guillermo de Orange y durante un tiempo pareció que la sublevación era cosa del pasado. Sin embargo, el deterioro de la economía, la represión del Tribunal de Tumultos y el incansable trabajo propagandístico de Orange resucitaron la guerra en 1572 y la llevaron a un nuevo nivel. La recesión económica alcanzó allí donde no había llegado la fe ni las desavenencias aristocráticas.

El deterioro de la economía, la represión del Tribunal de Tumultos y el incansable trabajo propagandístico de Orange resucitaron la guerra en 1572

3º El Tribunal de Tumultos, a examen

En un intento de arrancar de raíz la rebelión, el Duque de Alba sembró el terror en el país a través del Tribunal de Tumultos, conocido a nivel popular como de la Sangre, que en solo tres años ejecutó a diez veces más personas que la Inquisición española en todo el reinado de Felipe II. Distintas estimaciones cifran el número de ejecuciones ordenadas por el duque en torno a 500-800 personas, lo que la propaganda protestante elevó hasta las 200.000 personas.

Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, por Antonio Moro
Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, por Antonio Moro

El objetivo inicial del tribunal fue perseguir a aquellos nobles que firmaron el Compromiso de Breda (1566), el documento que sirvió como germen de la rebelión, pero la persecución terminó por afectar sobre todo a artesanos y a personas cuya condición social les había impedido huir al norte a tiempo. El Duque se reservaba la decisión última sobre todas las condenas, cuyo proceso era conducido por cinco lugareños y dos españoles (uno de ellos nacido en Flandes). Una veintena de colaboradores, todos ellos naturales de los Países Bajos, se encargaban de las investigaciones a nivel local.

En resumen, el tribunal no era una máquina descontrolada de matar en la línea de las masacres religiosas que se estaban perpetrando en ese momento en Europa (véase el caso de la Matanza de Bartolomé o la persecución de católicos en Inglaterra), sino una institución que efectuaba sus condenas conforme a un proceso legal. No tenía nada de novedoso ni excepcional en Europa. Tampoco pudo ser la causa de agravar una guerra que debajo de su piel de rebelión tenía características propias de una guerra civil motivada por las diferencias religiosas insalvables. Así lo demuestra el entusiasmo con el que colaboraron muchos de los lugareños a la hora de delatar a sus vecinos.

4º ¡Castilla nos roba!

El resurgimiento de la guerra en 1572 suele atribuirse a la subida de impuestos aplicada por el Duque de Alba y al afán recaudatorio de Felipe II para sufragar sus múltiples frentes. Y ciertamente el Monarca mantenía abiertas más guerras de las que podía permitirse, pero, sin duda, ninguna era tan cara como la de Flandes. La subida de impuestos para sufragar el esfuerzo militar provocó una de las primeras huelgas de la historia entre comerciantes y, gracias a la propaganda de Orange, se extendió entre el pueblo la idea de que el dinero recaudado servía para empobrecer a los Países Bajos y enriquecer a España. Nada más lejos de la realidad; como señala Geoffrey Parker en «España y la rebelión de Flandes» era la Península Ibérica quien corría con los grandes gastos del imperio. Los Países Bajos, de hecho, aportaban menos de lo que generaban.

Durante su gobierno, Fernando Álvarez de Toledo comprendió mejor que la oligarquía flamenca la necesidad de que los impuestos fueran equitativos. De ahí que tras una larga serie de deliberaciones entre Alba, el Consejo de Hacienda y los Estados provinciales se concluyó la necesidad de establecer un tributo de en torno al 10% sobre todas las transacciones comerciales a excepción de la última (el punto donde la mercancía llegaba al consumidor), lo que en Castilla se llamaba alcabala, para remontar la ruinosa situación financiera de la hacienda flamenca.

El impuesto final tras sufrir las implacables negociaciones con la oligarquía, resultó un tributo relativamente modesto que producía rentas cuantiosas sin causar grandes privaciones a nadie. Y ni aún así pudo ser aplicado. «Era un impuesto menos regresivo que la mayoría de tributación del siglo XVI, en el sentido de que la carga sería compartida por todos. Los más pobres habrían pagado probablemente más de lo justo, pero no habrían tenido que pagarlo todo, y los ricos quedaban en cierta medida protegidos, por su carácter perpetuo, de los tradicionales asaltos a su capital», explica William S. Maltby en su biografía dedicada al Gran Duque de Alba sobre un impuesto mucho más justo de los que aplicaría Orange en el bando rival.

rendición de Breda de 1625, por Diego Velázquez
rendición de Breda de 1625, por Diego Velázquez

Mientras esperaba a su sustituto y tratabade sacar adelante sus reformas, el Gran Duque publicó en el verano de 1571 un perdón general para calmar los ánimos. La inesperada llegada de una flotilla de barcos piratas a varias ciudades de Holanda y Zelanda truncó sus planes y causó una depresión económica que la historiografía protestante atribuye al establecimiento de la alcabala. Dado que nunca pudo ser puesto en marcha ante la explosión de hostilidad entre los comerciantes, supone un sinsentido que se responsabilice a Alba y su alcabala de haber causado entre 1571 y 1572 un periodo depresivo en la economía local. La principal causa para el derrumbe del comercio en Flandes habría que buscarlo, precisamente, en el surgimiento entre las filas rebeldes de estos piratas llamados Mendigos del Mar, que desde puertos ingleses manenían paralizada la navegación. El comercio decaía, los seguros de navegación se dispararon, y, hacia febrero de 1572, los siempre bulliciosos muelles de Amberes se hallaban vacíos. Aparte de que las depresiones de este tipo eran algo cíclico en la historia de esta región.

5º Llamarla guerra civil es lo más preciso

Como ocurre con todos los nacionalismos excluyentes, el discurso que vertebró Holanda se basó en la idea de que los verdaderos holandeses eran solo unos (los protestantes) frente a los malos (los católicos), que estaban al servicio del enemigo extranjero y fueron borrados de los libros de historia: ¿Ser holandés era incompatible con ser católico? De ahí afirmaciones taxativas e imprecisas como que la Guerra de los 80 años fue un levantamiento de las provincias de Holanda y Zelanda contra el Rey Felipe II, un extranjero que quería exprimir económicamente al país. Basta analizar el número de tropas de holandeses católicos que lucharon con el bando de Felipe II para comprender que el conflicto fue, sobre todo, una guerra civil con trasfondo religioso, donde lucharon pueblos contra pueblos, valones contra flamencos, holandeses contra holandeses e incluso familiares contra familiares.

Basta analizar el número de tropas de holandeses católicos que lucharon con el bando de Felipe II para comprender que el conflicto fue, sobre todo, una guerra civil

En el libro «Imperiofobia y leyenda negra» de Roca Barea, se desmitifica con cifras la idea de que la guerra fue una rebelión local contra el enemigo extranjero. Sin ir más lejos, en el ejército que el Duque de Alba tenía a su mando hacia 1573 se contaban 54.300 soldados, de los cuales 7.900 eran españoles y 30.000 flamencos. Mientras que el de Farnesio hacia 1581 tenía 60.000 hombres, de los cuales solo 6.300 eran españoles, 5.000 italianos y la mayoría holandeses: unos 48.000. A lo que habría que sumar la presencia de numerosos nobles holandeses y neerlandeses al frente de ejércitos católicos, entre ellos el conde de Bossu, el duque de Aremberg o Claudius van Barlaymont, que recuperó Breda para el bando del Rey en 1581 valiéndose de tercios hispano-holandeses.

«Dicho en otros términos, hay razones de peso para creer que hubo más holandeses luchando en el lado realista que en el orangista», concluye Roca Barea.

6º Una guerra más allá de los Países Bajos

La Guerra de los 80 años fue uno de los muchos escenarios europeos donde las naciones católicas y las protestantes cruzaron sus espadas. Cualquier fisura allí era vista a ojos del resto de naciones como un signo de debilidad. La Reina Isabel I de Inglaterra entendió mejor que ningún otro líder europeo lo oportuno de desangrar desde las entrañas el poder hispano. Por esta razón, alentó y financió la guerra en todas sus fases –inicialmente con apoyo económico, luego con envió de tropas y oficiales ingleses–. Asimismo, los monarcas franceses –cuando se lo permitía su sangrienta guerra civil– también enviaron tropas y suministros para la causa rebelde. Incluso llegaron a presentar a un candidato para reinar Flandes, el hermano del Rey, Francisco de Valois.

Del mismo modo, el Archiduque Matías de Habsburgo –futuro Emperador del Sacro Imperio Romano- se ofreció como monarca ante la turbia petición de Guillermo de Orange, que mantenía contactos e intereses en Alemania. De hecho, el líder rebelde nació allí y cruzaba la frontera para formar ejércitos a su antojo ante la pasividad del Sacro Emperador Romano, cuyo Emperador, Maximiliano II, primo del Rey Español, era probablemente criptoluterano.

Retrato de Isabel I de Tudor
Retrato de Isabel I de Tudor

No deja de sorprender que la propaganda de Orange insistiera en que una de las causas del primer «levantamiento» fue la presencia de tropas extranjeras, en referencia a los 3.000 españoles desplegados en la frontera francesa tras la paz de Cateau-Cambresis (1559). Una grave contradicción si se tiene en cuenta que las tropas de Orange estaban formadas, sobre todo, por mercenarios franceses y alemanes, aparte de que fue él quien abrió la puerta a las tropas inglesas que, entre derrota y derrota, solo se entretuvieron en Flandes para maltratar a la población local.

Frente a los archiconocidos saqueos de Amberes y otras plazas por parte española, resulta todo un desconocido al saqueo de proporciones dantescas perpetrado por los ingleses el 9 de abril de 1580 en Malinas. Los ingleses se tomaron un mes de saqueo y asesinatos en un episodio de la historia que suele ser omitido de los libros. «Con tan profunda avaricia de los vencedores, que después de saqueadas iglesias y casas, sin dejar cosa en ellas, después de haber obligado a los vecinos a redimir, no una vez sola, libertad y vida, penetró su crueldad hasta la jurisdicción de la muerte, arrancando las piedras sepulcrales, pasándolas a Inglaterra y vendiéndolas allí públicamente», escribe el cronista Faminiano Estrada. Los ingleses arrancaron y vendieron incluso las lápidas del cementerio.

7º La religión y la política eran la misma cosa

En el siglo XVI, la religión y la política estaban íntimamente ligados. El prestigio internacional de la Monarquía hispánica dependía de los éxitos de la causa católica en el continente. Los príncipes alemanes habían dado cancha a la herejía de Lutero, simplemente, porque era la mejor forma de debilitar a Carlos V, un Emperador que, a diferencia de sus antecesores, gozaba de un poder militar y real que provenía de lejos de Alemania. Los enemigos de Carlos, y luego de Felipe II, abrazaron religiones distintas a las del Rey solo para marcar la diferencia y justificar su hostilidad al Monarca. Lo que se sitúa en las antípodas del mito tradicional de que las nuevas religiones reformadas calaron en la población del norte de Europa por el espíritu comercial y aventurero de estos, frente a la idea de moral aristocrática y feudal (¡para feudales los nobles flamencos!) de la católica Castilla. Los protestantes solo querían diferenciarse del soberano contra el que se habían rebelado: si Felipe II se hubiera hecho calvinista, ellos se habrían hecho luteranos; de ser luterano, se habrían convertido al Islam…

Lejos del fanatismo que se le achaca, la religión significaba para Felipe II un tema de política internacional, obediencia civil y uniformidad en sus reinos.

8º Los tolerantes no existían

La historiografía europea sigue viendo la Guerra de los 80 años como un conflicto entre tolerantes e intolerantes religiosos, sin apreciar lo confuso que resulta en el siglo XVI hablar de tolerancia en términos actuales. Felipe II no admitía que en sus reinos hubiera una religión distinta que la católica y así lo señaló a través de su frase «antes preferiría perder mis Estados y cien vidas que tuviese que reinar sobre herejes». Nada que no compartieran también los calvinistas, como antes que ellos los luteranos: o se aceptaba la religión que eligiera el príncipe o ya podían marcharse a otro lugar. Varios grupos calvinistas llegaron a instauraron dictaduras fanáticas en algunas ciudades como Gante, donde los conventos y las iglesias de estas plazas fueron saqueadas y los monjes y sacerdotes quemados en plazas públicas.

Retrato de Guillermo de Orange
Retrato de Guillermo de Orange

De ahí que cuando Guillermo de Orange se presentó como un puente entre católicos y protestantes para enfrentarse a los españoles, la aristocracia católica no tardó en desenmascarar su doble juego. Orange exigía a los españoles que garantizaran la práctica del catolicismo en el norte, pero él no estaba por la labor de hacer lo mismo en el resto de provincias. Tras la guerra, los católicos pasaron a ser durante siglos ciudadanos de segunda en Holanda e incluso quedaron obligados a pagar tasas ilegales para que las autoridades hicieran la vista gordo par que pudieran celebrar bautizos o primeras comuniones.

La Guerra de los 30 años, que estalló cuando el conflicto en Flandes se encaminaba hacia su última fase, puso sobre la mesa que la intolerancia también estaba presente entre los propios protestantes. Los calvinistas, mucho más activos y militantes en los asuntos de fe que los luteranos, se rebelaron en 1618 contra la Paz de Augsburgo, que los excluía del «cuius regio, eius religio» en Alemania. Católicos y luteranos coincidieron en su aversión hacia los calvinistas, mientras estos rechazaban también a otras confesiones en sus territorios.

9º Orange, un lastre para su bando

Guillermo de Orange está considerado el padre de la nación holandesa, un auténtico maestro de la propaganda moderna y un astuto político, no así un militar siquiera mediocre. Sus pésimas habilidades tácticas llegaron a ser una losa para las filas holandesas que, justo cuando estaban hartos de su torpeza, vivieron con alivio como su asesinato por orden de Felipe II convertía a Orange en un mártir. Su hijo Mauricio se hizo cargo de la guerra de su padre y él sí demostró un gran talento militar. A partir de la década de 1590, Mauricio comenzó a instruir a sus tropas en la realización de maniobras y en la rotación de las filas de mosqueteros para realizar varias descargas de fuego, inspirado en autores romanos. Una transformación a largo plazo del inútil ejército holandés en una fuerza temida.

El que un hombre que hizo del engaño y la mentira su razón política se convirtiera con los siglos en un adalid de las libertades y un padre de Holanda

Orange, que nació católico y luego se hizo luterano, fue durante años un fiel servidor de la familia Habsburgo y sus raíces eran más alemanas que holandesas, lo que no fue impedimento para que la resistencia hispánica se congregara en torno a su figura. Aunque los nobles calvinistas mantenían recelos hacia él, el de Orange y su hermano, Luis de Nassau, lograron disipar las dudas con un ejército mercenario mayor en número a las tropas de Alba. El que un hombre que hizo del engaño y la mentira (incluso convenció a Europa de que su esposa Ana de Sajonia había perdido el juicio para quedarse con su dote de boda) su fuerza política se convirtiera con los siglos en un adalid de las libertades responde, únicamente, a l desconocimiento de quién fue en verdad

10º El origen de Bélgica y Luxemburgo

El gobierno de Alba ha pasado a la historia únicamente por su leyenda negra, a pesar de haber dado forma, al igual que sus sucesores, a lo que luego sería Bélgica y a sus vértebras legales. Las Ordenanzas Criminales que introdujo Alba en 1570 aportaron un código unificado de aplicación universal que consolidó la centralización del orden jurídico y eliminó muchas prácticas abusivas de las administraciones de justicia local en un país que, antes de la llegada de los españoles (siempre minoritarios, pero imprescindibles, en los ejércitos y en la burocracia del Rey) era uno de los que mostraba más distancia entre ricos y pobres a nivel económico y jurídico. Como recuerda Roca Barea en el citad libro, Alba propuso leyes nuevas que humanizaban el derecho criminal, que fueron rechazadas por ser demasiado igualitarias y blandas, y un sistema progresivo de impuestos que resultó intolerable para la oligarquía.

Retrato de Alejandro Farnesio
Retrato de Alejandro Farnesio

El historiador belga Gustaaf Janssens considera que «el hecho de que las leyes penales del Duque hayan constituido la base práctica del procedimiento penal y del Derecho Penal en los Países Bajos durante dos siglos y medio aproximadamente demuestra que fueron ejemplares en su tiempo».

Mientras la República de Holanda se dirigió hacia su independencia, el resto de provincias no tardaron mucho en comprender que, frente al vecino protestante que se burlaba de su religión (a los valones católicos los llamaban «soldados del Padrenuestro» por portar rosarios), solo les cabía ayudarse de los españoles. De ahí que al tomar posesión del cargo de gobernador de los Países Bajos, Farnesio centró su campaña militar y diplomática en recuperar la lealtad de las provincias católicas (Artois, Henao, Namur, Brabante, Lieja, Limburgo, Luxemburgo y la mitad de la provincia de Flandes), abiertamente descontentas con la política de Orange. Apoyándose en la aristocracia católica, Farnesio y luego los Archiduques Alberto e Isabel, soberanos entre 1598 y 1621, dieron forma a lo que hoy llamamos Bélgica y Luxemburgo.

https://www.abc.es/historia/abci-mentiras-guerra-desangro-imperio-espanol-leyenda-negra-holanda-201810030307_noticia.html