Flandes y La leyenda Negra Española.

NOTA: Nunca hubo tal leyenda negra más que la inmensa propaganda apoyada y financiada por Franceses, Ingleses, y algunos Alemanes durante siglos, aparte de las mismas guerras de religión. Era geopolítica y poder, nada que ver con Religión, salvo en el subconsciente colectivo, ni si quiera en estudios genéticos en poblaciones Holandesas y Belgas, han demostrado que hubo tales violaciones de mujeres… salvo en el el subconsciente colectivo, y en la propaganda que ha habido durante siglos.

La leyenda negra[1]

La propaganda antiespañola del siglo XVI cimentó una sangrienta imagen del rey

La leyenda negra

La imagen negativa más poderosa de Felipe II ha sido transmitida a través de la así llamada Leyenda Negra, que todavía se mantiene con fuerza. Una parte de esta leyenda se debe a los oponentes del rey, personajes como Guillermo de Orange (en su Apología de 1580) o Antonio Pérez (en sus Relaciones de 1598), donde acusaban a Felipe de crímenes “personales” tales como el asesinato de su hijo don Carlos, de su esposa Isabel de Valois y del secretario Escobedo. Pero ya que no se ha encontrado evidencia alguna que justifique estas acusaciones, deben tomarse como simplemente falsas. La supervivencia de la leyenda sobre don Carlos se debe a la popularidad de la ópera de Verdi. Gregorio Marañón estudió el caso de Escobedo en su Vida de Antonio Pérez, pero no llegó a ninguna conclusión definitiva.

La otra parte de la Leyenda Negra que implica a Felipe II es su posible responsabilidad personal y directa en todos los errores y crímenes cometidos por el imperio español y por la política religiosa española. En estos crímenes se incluirían los sufrimientos de la población indígena de América (tema de las protestas de Bartolomé de las Casas), la ejecución de protestantes en España (tratada por el exiliado Reginaldo González Montano), la ejecución de los acusados de rebeldía y la muerte de aquellos nobles ejecutados (los condes de Egmont y Montigny, entre otros) bajo el régimen sangriento del duque de Alba en los Países Bajos. Este tipo de acusaciones (a las cuales todos los líderes políticos están expuestos) son difícilmente rebatibles, son más fáciles de ser mantenidas y continúan siendo la principal base de las críticas que se dirigen contra el rey. El problema, como lo expresaba el gran historiador Fernand Braudel en su estudio sobre Felipe II, es de si un hombre -el rey- era el que controlaba todos los acontecimientos, o por el contrario si eran los acontecimientos los que le controlaban a él.

Asesino. Felipe II fue acusado de haber asesinado a una de sus esposas (Isabel de Valois), uno de sus hijos (Don Carlos) y a su secretario Juan de Escobedo.
Inquisidor. Al rey, que fue un firme soporte de la Inquisición, se le reprochó su fanatismo religioso, la represión contra protestantes, moriscos y judíos.
Saqueador. Los saqueos cometidos por los Tercios españoles en Flandes, la explotación de los indios y otros crímenes ensombrecieron su imperio.

El porqué de la leyenda negra de Felipe II en Flandes [2]

Parece que salvo que acabemos de leer algún capítulo del Capitán Alatriste, pocos son los que recuerdan los lazos que unieron a las tierras de Flandes con nuestra España, ese “pasado común”, como algunos flamencos lo llaman. Nos unió la Corona y nos separaron las guerras, y gran parte de estas páginas de nuestra Historia ha quedado difuminadas bajo cierta leyenda negra, creada y criada artificialmente, que puede llegar a hacernos pensar que la pertenencia de Flandes al vasto Imperio Español fue una mera dominación, aunque no sea cierto, puesto que el pueblo flamenco también se sentía parte de la Corona.

Felipe II

Uno de los artífices de esa leyenda negra fue el Príncipe de Orange, Guillermo el Taciturno, que adelantándose a su tiempo utilizó la propaganda como medio de guerra, creando una publicidad falsa y negativa sobre las figuras que sustentaban la Corona en Flandes.

Guillermo el Taciturno se enfrentó a Felipe II en el año 1567, cuando se produjo una nueva rebelión calvinista en Flandes, que sería auspiciada y posteriormente dirigida por él. Fue entonces cuando Felipe II decidió enviar a don Fernando Alvarez de Toledo y Pimentel, más conocido por su título de Duque de Alba, al mando de los viejos Tercios españoles, para sofocar los levantamientos.

La gobernadora de Flandes, Margarita de Parma, hija de Carlos I (V para los germanos) decidió ir actuando contra la rebelión mientras llegaba el Duque de Alba y se encontró con la oposición de algunos nobles flamencos, pero también con el apoyo de muchos otros, que no dudaron en apoyar a la Corona. Así, los señores de Beauvoir, Cressonniere, Noirquermes y los condes de Berlaymont, Meghen, Arschot, Arembergh y Mansfeld se alzaron en armas contra los insurrectos.

Guillermo de Orange

Príncipe Guillermo I de Orange-Nassau (el Taciturno)

La población civil también apoyaba a la Corona: por ejemplo, fueron los propios ciudadanos de Amberes quienes valerosamente expulsaron a las tropas rebeldes, obligándolas a desplazarse hasta la villa de Ousterweel, a orillas del Escalda, donde serían derrotadas por el señor de Bergues, fiel a Felipe II.

En Amberes era gobernador por aquel tiempo el Príncipe de Orange, Guillermo el Taciturno e intentó reclutar más hombres en armas, pero una vez más la población civil le hizo desistir. Poco después, el Taciturno abandonaría Flandes para conservar su cabeza y organizar las guerras que tantas complicaciones supusieron para los españoles de los siglos XVI y XVII. Este apoyo de la población civil y de los nobles flamencos nos puede extrañar, pero sólo porque en España muchos han olvidado una gran parte de nuestra historia y no saben apreciar bien lo mucho que significaba pertenecer a la Corona de España (ser español) cuando en tiempos de Carlos I y Felipe II esta reunió gran parte de Europa y durante un largo periodo en el Imperio nunca se ponía el sol.

¡Que viene el duque de Alba! [3]

El retrato del duque de Alba tradicionalmente atribuido a Tiziano, aunque hoy se cree que es obra de Antonio Moro.

Dicen que, aún hoy, en los Países Bajos las madres asustan a sus hijos cuando se portan mal amenazándoles con el duque de Alba, equiparándole a nuestro entrañable coco -el monstruo del acervo popular, no el personaje de Barrio Sésamo-. Sus razones tienen, no digo yo que no; las mismas que cualquier país que se haya considerado ocupado y reprimido por otro, supongo. La verdad es que no imagino a una madre española advirtiendo a su hijo de que viene un francés a organizar un fusilamiento y de paso cocinar una horrible tortilla sin patatas -crimen de lesa majestad- pero imagino que cada país tiene sus peculiaridades.

A lo que iba. Todo lo relacionado con Flandes -incluido el hecho de que hoy los flamencos como tales no sean holandeses, sino belgas- es una historia bastante embrollada con la que sería cruel torturar al lector, así que resumo: Carlos V había recibido ese territorio como parte de su herencia borgoñona, formando a partir de ese momento parte de su Imperio. Felipe II, como ustedes saben, no heredó el título de emperador pero sí los dolores de cabeza que aparejaban: entre ellos, Flandes.

Como consecuencia de las tesis de Lutero, los Países Bajos -hay que acotar que históricamente se conoce como Flandes a lo que hoy es el Benelux– habían quedado divididos en dos: las provincias católicas y las provincias protestantes, ambas con un incipiente sentimiento nacional muy difícil de manejar. Felipe II dejó a su media hermana, Margarita de Parma, como gobernadora -inciso: hay que ver lo que dieron de sí los bastardos de Carlos V, ¡qué genes más bien aprovechados!-. No fue una mala decisión, porque Margarita era flamenca, pero sus colaboradores no hicieron una política muy hábil y al final, como se veía venir, Flandes se acabó sublevando. 

Sería arriesgado etiquetar la guerra de Flandes como una más de las guerras de religión que durante toda la Edad Moderna asolaron Europa -sí, los españoles no eran los únicos que mataban en nombre de un dios; sé que es sorprendente pero es así-. En principio empezó como un conflicto político, pues a Felipe II, como todo rey, no le sentaba demasiado bien que sus súbditos desobedecieran sus órdenes. Para intentar meter a los rebeldes en vereda, tomó la decisión que ustedes ya conocen: enviar al duque de Alba.

Dicen que la Historia la escriben los vencedores, y cierto es. Sólo así se puede explicar que los mismos españoles asociemos a don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel con una especie de bárbaro comeniños y asesino despiadado. El duque de Alba es uno de los mejores generales españoles de todos los tiempos: vencedor de Mühlberg, conquistador de Túnez, gobernador de Milán y Nápoles, hombre fuerte de Felipe II en Portugal. Era, además, un hombre sumamente culto. Hoy en día es fácil criticar su actuación, y le podemos culpar -como ha hecho el historiador Ricardo García Cárcel en su obra dedicada a la leyenda negra- de no haber sabido valorar las peculiaridades que la región flamenca arrastraba, utilizando una estrategia inadecuada. Pero se le envió a sofocar una rebelión. Y eso intentó.

El duque de Alba creó un tribunal, el Consejo de los Disturbios, para detener, procesar y ejecutar a todos los que hubieran levantado las armas contra el rey. Más de mil personas fueron ejecutadas por rebeldes, entre ellas los condes de Egmont y Hornos, dos personajes importantes que incluso habían combatido junto a las tropas del Imperio. Una torpeza, visto a posteriori. Una atrocidad, vista desde nuestra mentalidad; algo bastante normal -que palidece incluso si se compara con la entonces atroz guerra de religión en Francia, con la Matanza de San Bartolomé como punto culminante- en la época. El duque de Alba no fue ni más ni menos sangriento que los demás generales de su tiempo, aunque la literatura le haya consagrado como un hombre cruel.

La Apología de Guillermo de Orange

El amigo Guillermo, también retratado por Antonio Moro, que estaba en todas el buen hombre.

Guillermo de Nassau o de Orange había sido un firme colaborador de Carlos V -de su brazo fue a abdicar el señor Emperador- y de Felipe II, hasta que el Consejo de los Disturbios ejecutó a su amigo Egmont. De las mismas fechas data el Wilhemus con el que encabezo la entrada: en este himno Guillermo parece justificarse sosteniendo que siempre sirvió con honor al monarca español -luego, más adelante, se acuerda de nuestras familias-. Es cierto, pero la realidad es que Guillermo de Orange ya se había erigido como el cabecilla de los rebeldes luteranos flamencos: la Unión de Utrecht que, al contrario que los católicos -la Unión de Arras-, se negó a firmar la paz con el rey Felipe. Y aquí es donde entra en juego la hábil propaganda flamenca.

Felipe II era el señor natural de Flandes. En una época donde el derecho divino de los reyes aún se tomaba en serio, desobedecer al legítimo señor de uno era una cosa muy, muy seria. Ni siquiera el hecho de que Felipe fuera católico y sus súbditos protestantes servía de justificación: al revés.

En la Edad Moderna se puso de moda el principio cuius regio, eius religio, aplicado en la reforma anglicana, que dictaba que el pueblo debía profesar la misma religión que su príncipe. Una mamarrachada en nuestra opinión, pero algo bastante importante entonces. Así se explica, por ejemplo, que al abandonar el catolicismo Enrique VIII de Inglaterra, todo su pueblo dejara automáticamente de ser católico -compárese con la mentalidad medieval, donde tenemos a Recaredo cambiando arrianismo por catolicismo para aumentar el  feeling, que diría Guardiola, con su gente-. Así pues, Guillermo de Orange y sus partidarios no sólo desobedecían a su señor natural, sino al principio que les obligaba por lo civil o por lo criminal a rezar al mismo dios.

¿Qué salida quedaba a los protestantes flamencos? O volver a la obediencia al rey, o poner en duda su legitimidad. Como la primera opción estaba descartada, Guillermo de Orange justificó su desobediencia acusando al rey Felipe II de incivilizado e indigno de considerarse un príncipe cristiano. Justificaciones vertidas en un documento conocido como la Apología de Guillermo de Orange. Una simple cita bastará para que capten la naturaleza del texto:

“Ya no me extrañará más lo que todo el mundo cree, a saber, que la mayoría de españoles y en particular los que se consideran aristócratas son de raza de los moros y judíos.”

En efecto Guillermo no sólo volvía contra la vieja acusación que ya vimos ser utilizada en Italia, sino que hacía extensible a toda España los crímenes del duque de Alba, recogía todos los mitos de la matanza de los indios en América -lo veremos en otra entrega- y sobre todo presentaba esa imagen que de Felipe II seguimos teniendo hoy en día.

La Apología causó furor y extendió sus mentiras y exageraciones incluso hasta la época de la Ilustración. El mismo Montesquieu bebió de sus argumentos para su Cartas persas. Pero no fue el único ni el primer texto escrito con este ánimo; si la leyenda negra española se cimenta en la literatura, Guillermo de Orange utilizó como base tres obras que, junto a su Apología, han sido base de acusaciones más o menos deformadas durante años: la Brevísima relación de la destrucción de la Indias de fray Bartolomé de las Casas y las Relaciones y las Cartas de Antonio Pérez.

Resulta pues, sumamente curioso, que en pleno siglo XXI, personas que no tienen la más remota idea de quién fue Guillermo de Orange sigan repitiendo inconscientemente los argumentos de un noble flamenco (nacido alemán) que -desde un lógico sentimiento nacional que entonces ningún gobernante español supo entender- sencillamente buscaba justificarse a sí mismo ante la entonces inaceptable desobediencia a su rey legítimo.

El duque de Alba desmonta en Flandes la leyenda negra sobre su antecesor [4]

Jesús Aguirre, en su primer viaje a Flandes como duque de Alba, expuso el humanismo de su predecesor en el título, el tercer duque, y desmontó la leyenda negra que rodeaba al histórico personaje. “La leyenda negra no es sólo la creación de la aportación flamenca. La aportación más importante viene de España, el problema lo tuvimos con nosotros mismos” dijo. Pero si el fantasma del duque de Alba (o Alva, como escriben los flamencos) se ha ido esfumando de la historiografía moderna, ahora ha resurgido en los comics.

Jesús Aguirre no dejó de asombrar a la audiencia y a los participantes ayer sábado en el coloquio sobre El Gran Duque de Alba, celebrado en el Instituto de Estudios Hispánicos de Amberes, al afirmar que “el contacto conflictivo entre borgoñones y españoles no comienza con la llegada del duque de Alba a Flandes (en 1567), sino con la llegada a España de Carlos de Flandes, príncipe extranjero o extranjerizante”, que aplastó la rebelión comuner a en Castilla. Para el actual duque, la leyenda negra española ha servido también como seña de identidad para afirmar la independencia de Bélgica y de los Países Bajos, algo en lo que coincidieron algunos de los participantes. Lieve Behiels, profesora de la universidad de Gante, ha examinado unos 80 manuales de historia utilizados en la enseñanza belga entre 1843 y 1986, y los aspectos negativos superan ampliamente a los positivos en cuanto a la caracterización del duque de Alba: 19 menciones de “cruel” frente a 5 de “intrépido”. Pero, como mantuvo Aguirre, buena parte de estos manuales son del siglo XIX, de la epoca de la historiografía nacionalista, hoy superada.

“Nada hay que sea meramente pasado, porque tampoco nada hay sucedido del todo”, dijo el actual duque, para el cual “tienen las épocas sus preferencias, sus afinidades electivas para con épocas que parecen haber pasado”.

Las intervenciones de los expertos (la citada Behiels; Gustav Janssens, jefe del Archivo de Bruselas; Bartolomé Bennassar, de la universidad de Tolouse; Evi Stols, de la de Lovaina, o Robert Verdonk, de la universidad, de Amberes) se centraron sobre la época en que el duque de Alba fue gobernador en Flandes con sus 10 millares de soldados, entre 1567 y 1573. La leyenda negra ha dado ya paso a una historia más reposada. “¿Qué fantasma conjuramos?” preguntó Behiels. “El duque de Alba no es culpable de la ruina del país en 1567-1573”, aseguró Janssens. Alba ya no es directamente relacionado con el sistema de la Inquisición española (frente a la más laxa Inquisición pontifical). Su sucesor como gobernador, Luis Requesens, utilizó en su propio provecho la mala imagen del duque de Alba.

Pero Jesús Aguirre, con un verbo siempre ilustrado, esbozó una imagen menos conocida del tercer duque de Alba, el de formación humanista, amigo de Garcilaso de la Vega y de otros poetas, el amante de la paz, que no el pacifista, y, sobre todo, el hombre que llevó a cabo diversas acciones en los Países Bajos, hostigado por el partido enemigo en Madrid, el de Antonio Pérez, “traidor con anhelos de sueldo”, y la princesa de Éboli, “alma tuerta”.

Grandeza

“Nadie puede negarle grandeza al Gran Duque”, dijo Jesús Aguirre, del que el organizador del coloquio, el profesor Jacques de Bruyne, lamentó que no fuera catedrático. Jesús Aguirre sonrió y con las manos pareció decir: así es la vida, pero sin lamentaciones. La leyenda del duque de Alba puede estar retrocediendo, pero ha saltado ya al mundo de los comics. El flamenco Willy Vandersteen ha reeditado su Fantasma español (de 1948) dedicado al duque de Alba. Vandersteen publicó recientemente un primer tomo de Los mendigos: Los siete cazadores, donde aparecen el duque y personajes menos históricos como J.R., de Dallas, o Alexis, de Dinastía. Un tercer comic de reciente aparición (Peste en palacio, de Guido van Meir y Jan Bosschaert, 1983), de sátira política, tiene al duque de Alba como presidente del Tribunal de la Sangre y al actual ministro de Asuntos Exteriores, Leo Tindemans, como teólogo de la corte.

Verdonk comparó el ejército del duque de Alba, formado por 10.000 soldados de diferentes naciones, con “una especie de OTAN”. Los oficiales eran plurilingües, pero los soldados se organizaban sobre grupos monolingüistas.

Españoles en Holanda: la leyenda negra [5]

Niños en la ciudad holandesa de Breda. Marten van DijlAFP

Estudios científicos prueban que los holandeses morenos no son descendientes de soldados españoles del siglo XVI, contra el mito que los tacha de ‘ejército de violadores’ No todos los holandeses miden 1,80 metros, son rubios y tienen ojos claros. Las ‘ovejas negras’ existen y están infiltradas especialmente entre los holandeses del sur y los belgas flamencos. Unos cuantos neerlandeses son algo más bajitos que la media, un poco más morenos y con los ojos oscuros. Para el pueblo, esto tiene su explicación en las “agresiones sexuales” de los soldados españoles que colonizaron los Países Bajos y dejaron sus espermatozoides esparcidos entre sus mujeres. Siglos después, llega la ciencia para decir que eso está lejos de ser cierto, aunque pocos están dispuestos a renunciar a esta leyenda negra que habita la región desde el siglo XVI.

“En mi familia, con alguna excepción, todos tenemos un color de piel oscuro, y comprenderá que pensemos que somos descendientes de un español como consecuencia de la invasión. Es obvio que algún soldado español ha dejado una semilla entre nosotros“, dice Annemarije, una holandesa de la región sureña de Limburgo. Esta joven no acepta las conclusiones de un informe de la Universidad de Lovaina, donde se confirma que este mito no es cierto y que no hay “ningún sello del ADN español” en la sangre de los holandeses más morenos. “No soy un especialista ni tengo pruebas de esto, pero tengo dudas sobre este informe”, añade. Porque lo que dicen los abuelos, va a misa.

El biólogo y genetista flamenco Maarten Larmuseau, que participó en esta investigación, explica a EL MUNDO que esta falsa teoría es resultado de “una fuerte propaganda contra el enemigo” español durante la Guerra de los Ochenta Años, que duró de 1568 a 1648, y durante la cual se dice que el Ejército del sur violó a miles de mujeres en varias de las ciudades que conquistó. Uno de los episodios más famosos de esa guerra es el saqueo de Amberes el 4 de noviembre de 1576, las llamadas Furias españolas durante las que militares españoles bajo el mando del Duque de Alba exigieron dinero a los ciudadanos y quemaron las casas de aquellos que no pudieron pagar. Esta es la misma revuelta que enorgullece 500 años después a los neerlandeses porque al final la ganaron, y lograron su independencia de España. “En cualquier guerra, la propaganda es un arma fuerte y en ese conflicto funcionó y caló muy bien”, asegura Larmuseau.

“Las tropas que envió el rey español a nuestras regiones dejaron mucho menos ADN del que le gustaría a la leyenda negra. Mi propia familia también cree en este mito. Mi tía me llamó después de la publicación del informe para ponerlo en duda porque tiene claro que mis tíos son morenos por las supuestas agresiones de los militares españoles”, dice Larmuseau, impresionado por la popularidad de este mito. “En realidad, a la gente le gusta también la idea de tener ascendencia española porque me han preguntado sobre esto en charlas que di en otros países, pero nadie está interesado en las invasiones de franceses o alemanes, que ocuparon Flandes, por ejemplo“, ironiza. Tampoco se plantean el legado de la ocupación romana, austriaca o francesa. “Una vez alguien me preguntó por los vikingos, porque creía que sus raíces estaban ahí”, agrega con sorna, pero fue uno entre un millón.

Annemarije ha recurrido a los servicios municipales para rastrear a sus antepasados, utilizando las partidas de nacimiento y toda la información que posee, pero sólo pudo llegar hasta 1760. “Sería bueno comprobar lo que dice el informe con una prueba genética”, propone, sobre su propio historial. Hay a quien la curiosidad le ha llevado a someterse a un examen sanguíneo en busca de las influencias que ha recibido el árbol genealógico de su familia. “Entre un 14 y un 15,6% de mi ADN tiene influencia española y/o italiana, según varias pruebas que me hice para saber la composición de mi sangre”, dice un joven flamenco en un correo enviado a Larmuseau. Se pregunta cómo es posible que ahora este mito no sea más que eso, una leyenda negra.

El informe recoge las pruebas genéticas de unos 1.300 holandeses y flamencos procedentes de la región por la que pasaron los españoles y, según los investigadores, “aunque las agresiones sexuales sí ocurrieron en el siglo XVI, estas no dejaron huella genética española rastreable en el genoma autóctono” de los Países Bajos. Larmuseau explica que en esa época las mujeres tuvieron hijos con los soldados españoles pero no tantos como para influir en el ADN de la población. Los 17 territorios de los Países Bajos fueron colonia española durante casi cien años, desde el reinado de Felipe II. Hubo una revuelta holandesa en 1566 y una declaración de independencia en 1581, pero que no fue formalmente reconocida hasta 1648.

Pero el biólogo cree “difícil” que la ciencia logre cambiar “la memoria colectiva” de las sociedades belga y holandesa, que guarda un rencor a los españoles que ha pasado de padres y abuelos durante siglos. Para ellos, dice Larmuseau, los soldados españoles “son los seres más crueles del mundo” y los estereotipos generados por la propaganda durante el siglo XVI “aún se representan en obras de teatro y están entre las páginas de algunos libros de texto e incluso en los cómics” que se publican hoy en día.

La propaganda fue efectiva: se presentó a los españoles como un ejército de violadores y eso ayudó a crear una identidad nacional para luchar contra un enemigo común. Esa imagen se estancó en la memoria de la sociedad. “De pequeño, yo leía en los cómics de ‘Spike and Suzy’ cuán extremadamente violentos eran los españoles. Los historiadores están intentando desacreditar ese estereotipo y de ahora en adelante hay pruebas científicas de que no fue así. La sangre española no corre por las venas de los holandeses y flamencos, concluye el genetista. Diga lo que diga la Ciencia, por estos lares, España siempre será recordada por las matanzas que cometió durante esa guerra.

 

Fuentes:

 

Otros:

https://idus.us.es/xmlui/handle/11441/58180

http://www.europapress.es/ciencia/ruinas-y-fosiles/noticia-leyenda-negra-rastro-genetico-tercios-flandes-20180119111317.html

http://buldjr.blogspot.com/2011/03/la-leyenda-negra-por-la-mala-fama-de.html

https://www.diariosur.es/20070709/sociedad/viene-duque-alba-20070709.html

http://www.elespiadigital.com/images/stories/Documentos6/LA%20LEYENDA%20NEGRA%20ALEMANA.pdf

https://www.despertaferro-ediciones.com/2014/especial-los-tercios-en-el-siglo-xvi-que-viene-el-duque-de-alba-los-tercios-espanoles-en-flandes-y-la-leyenda-negra-por-raymond-fagel-universiteit-leiden/

http://buldjr.blogspot.com/2011/03/la-leyenda-negra-por-la-mala-fama-de.html

https://www.diariosur.es/20070709/sociedad/viene-duque-alba-20070709.html

http://www.elespiadigital.com/images/stories/Documentos6/LA%20LEYENDA%20NEGRA%20ALEMANA.pdf

https://somatemps.me/2018/01/14/31-de-enero-campana-para-instaurar-el-dia-de-los-tercios-de-flandes-31enerotercios/

http://www.atlantico.net/opinion/fermin-bocos/otra-leyenda-negra/20171108232837616810.html

http://carlosurzainqui.blogspot.com/2017/11/origen-de-la-leyenda-negra-espanola.html

https://www.laverdad.es/murcia/prensa/20121105/opinion/amantes-leyenda-negra-20121105.html

 

 

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